EL NIÑO CON NECESIDADES ESPECIALES
Este niño, en su condición de miembro de nuestra sociedad, tiene derecho
al estímulo y a la interacción con el medio, como cualquier otro niño.
Su
integración a la escuela común le dará la oportunidad de formarse para saber
desenvolverse en la vida familiar, social y laboral con un máximo de eficiencia
y un mínimo de frustraciones. Esto significa actuar con independencia y seguridad,
aceptar las propias limitaciones, saber enfrentar y resolver problemas, y
vivir con dignidad; alcanzar un desarrollo personal y de convivencia, no limitado
exclusivamente a la adquisición de nociones culturales. De esta manera, el
niño llegará a ser un individuo responsable y autónomo en el máximo de sus
posibilidades, para lo cual será preciso sumar y armonizar las influencias
del medio social, escolar y familiar. Esta integración le permitirá entrenarse socialmente,
a la vez que será para sus compañeros una valiosa ocasión de conocer, respetar
y amar al niño discapacitado.
Antes de comenzar esta experiencia, consideramos
decisivo tomar en cuenta algunos aspectos, a fin de alcanzar y sostener una
integración saludable y enriquecedora:
1) Confrontar
el grado de compatibilidad de la necesidad del niño con la capacidad de la institución de responder a la misma, a fin de
evitar caer en una actitud omnipotente que resulte perjudicial para este proceso.
2)
Evaluar la respuesta del niño ante el estímulo del medio, para anticipar y
adecuar la propuesta.
3) Hacer saber a los padres la necesidad de apoyo que tiene la institución,
sin el cual su intervención será probablemente estéril.
4) Mantener una fluida comunicación con el equipo terapéutico que atiende
al niño.
Es
absolutamente indispensable que el maestro participe del criterio de integración
de la institución, así como que reciba orientación y contención de la misma.
Nuestro
criterio es el de integrar un niño con necesidades especiales en un grupo
no mayor de dieciocho chicos. Esto le permitirá al maestro dedicar el tiempo
necesario al intercambio de información con el equipo de especialistas, sin
restar importancia a su compromiso con la totalidad del grupo y la tarea.
Si
bien generalmente los padres se acercan a nuestra institución conociendo su
disposición a integrar a su hijo (lo cual permite encarar la experiencia de
una manera muy favorable), ha ocurrido también que las primeras manifestaciones de una dificultad se detecten en el jardín:
niños extremadamente pasivos, que se caracterizan por su falta de reacción
e iniciativa, o por el contrario, capaces de pasar de una actividad a otra
en fracciones de segundos; alteraciones en la motricidad, lenguaje incomprensible - a modo de código propio - , entre otros indicios.
En este caso nos acercamos a los padres para confrontar el comportamiento
en casa, y de considerarlo necesario, alertarlos sobre la necesidad de consultar
con un especialista, en un momento decisivo del desarrollo del niño.
La
escuela deberá acompañar y contener a la familia, y en todos los casos colaborar
con el equipo que lo trata, elaborando estrategias y evaluando el proceso
en conjunto.
Los
niños con necesidades especiales que se sienten aceptados por el medio y logran
entablar vínculos afectivos, evolucionan - en su gran mayoría - muy favorablemente.
Esta
experiencia, tomada con amor y compromiso, se convertirá en una invalorable
situación de aprendizaje, tanto desde el punto de vista humano como profesional.
Alejandrina Malenchini
El Principito agradece a las profesoras María de los Angeles Arnáez, María del Rosario Arnáez y Valeria Martinez Eguizábal, su aporte en esta nota. Fuente consultada: Revista especializada "La Obra".