Algunos conceptos mencionados durante la charla
a cargo de Lic. Cristina Irigoyen- Coll
.

-La crisis actual, con su secuela de sobreexigencia en los adultos - al generar inseguridad y angustia-, provoca el deterioro de las relaciones familiares y, en especial, del vínculo entre esposos o la pareja parental. Se acrecienta el maltrato y las situaciones de violencia física y/o psíquica dirigida prioritariamente hacia los hijos, como flanco más débil de la relación.

-Se dispara un clima de tensión en la familia, que vive situaciones de diferente intensidad de estrés. Esto ocurre tanto al adulto como al niño.

-El fenómeno llamado "estrés" es una reacción corporal frente a situaciones vividas como peligrosas, que pueden dispararse tanto por un estímulo externo (ej. amenaza de despido, enfermedad de un miembro de la familia, etc.). Ante este estímulo - llamado estresor- el organismo responde con una serie de modificaciones químicas (fundamentalmente, liberación de varias hormonas -entre ellas adrenalina-, aumento del ritmo cardíaco, sudoración, etc.) para enfrentar el peligro o escaparle al mismo. Esto es llamado reacción de pelea o huída. Si todo este preparativo que realiza el organismo se canaliza en una actividad física que hace uso de esa preparación, ello no constituye un riesgo para la salud. Caso contrario -como ocurre a menudo- se alteran distintas funciones y se puede llegar a la enfermedad.

-El estrés -tanto en niños como adultos- provoca síntomas físicos (ej. Náuseas, dolor de cabeza, de estómago, etc.) como psicológicos (ej. Ansiedad, irritabilidad, temores injustificados, insomnio o lo contrario, hipersomnia, etc.) y síntomas conductuales (ej. Insultos, peleas físicas, abuso de sustancias, ausentismo, etc.)

-Hay un estrés positivo -eutress- ligado a situaciones placenteras (ej. Partido de tenis, casamiento, nacimiento de un hijo, etc.) y un estrés negativo -dístress- (ej. examen que se quiere aprobar con 10 para no bajar un promedio sobresaliente, muerte de un familiar, conflicto marital, etc.)

-Los niños sufren intensamente las consecuencias del estrés de los padres, porque a menudo no comprenden la situación reinante, y sus fantasías los asustan al no poder expresar sus sentimientos.

-Las pequeñas situaciones cotidianas estresantes se van sumando (las vividas en distintos ámbitos) y configuran un patrón de estrés crónico altamente enfermizo, cuyos picos más álgidos -tanto en el niño como en el adulto- lo constituye el contraer una enfermedad grave (daño cardíaco, cáncer, etc.) o incluso la muerte o suicidio.

-Padres y madres deben esforzarse por bajar el nivel de estrés, tanto por el bien de ellos como por el de sus hijos.

-Idem por mantener la rutina familiar, aún cuando haya un gran cambio en ella, como que algún padre haya quedado sin trabajo. Los rituales cotidianos -rutinas mantenidas con regularidad- (ej. lavarse los dientes, momento de dormir, del cuento, para el baño, etc.) así como los más esporádicos (almuerzo del domingo en casa de algún familiar, festejo de cumpleaños, etc, actúan como reaseguradores para el niño porque brindan constancia y seguridad en un momento confuso y de cambio, como toda crisis.

-Hay que enseñarles a los hijos a poder expresar sus sentimientos y a practicar técnicas de relajación sencillas como ser: romper papeles / revistas viejas que se guarden a mano para cuando "estén nerviosos", amasar plastilina, jugar con almohadas en lugar permitido, pegarle a un almohadón, golpear una pelotita en el suelo, etc. y/o practicar deportes con asiduidad sin ansias de perfeccionismo, solo para disfrutar (el deporte de competición es altamente estresante y contraproducente).

RECURSOS A INSTRUMENTAR PARA REDUCIR EL ESTRÉS

-Ejercicio físico frecuente.
-Relajación.
-Organización: saber distinguir qué es lo prioritario y qué no.
-Forjar redes: no aislarse, dedicarse a los demás.
-Buen descanso (garantizarse suficientes horas de sueño)
-Pensamiento positivo.
-Buena dosis de humor.

No olvidar que en situaciones críticas -más que nunca- lo esencial es:
-Saber encontrar el lado positivo de la crisis (siempre existe, solo hay que saber descubrirlo);
-priorizar los afectos;
-enfocar los problemas como desafíos a resolver;
-dedicarle tiempo a la familia (atención a los hijos);
-enseñarles a los hijos a ser solidarios (adecuándolo a su edad acompañarlo en tareas concretas para lo que sea;
forjar redes; apoyarse en amigos, parientes. No aislarse